martes, julio 15, 2008

"El Flautista de Hamelín" por Nadia Molina

Un día como todos, me disponía a iniciar la lectura de la revista PC Magazine en Español de abril del año en curso. Decidí a leerla completa, por lo que empecé por los editoriales. Fue allí donde me encontré con este excelente artículo de Nadia Molina. Traté de buscar el ensayo en su blog, para enlazarlo, pero no pude encontrarlo. Como es una edición de la revista que ya no se vende y como no lo encontré en su blog, decidí digitarlo directamente de la revista, para que puedan disfrutarlo.

"La Magia del Flautista de Hamelín" por Nadia Molina

¿Recuerdan la historia? Cuenta la leyenda que en 1284, la ciudad de Hamelín, en Alemania, estaba infestada de ratas. Un buen día apareció un desconocido que ofreció sus servicios a los habitantes del pueblo para acabar con este terrible problema. A cambio de una recompensa, él les prometió que les liberaría de todas las ratas, a lo que los aldeanos se comprometieron. Entonces el desconocido flautista empezó a tocar su instrumento, y los roedores salieron de sus cubiles y agujeros para seguir aquella música encantadora. Una vez que todas las ratas estuvieron reunidas en torno al flautista, éste empezó a caminar y aquéllas le siguieron al son de la música. El flautista se dirigió al río Weser, y las ratas, que iban tras él, perecieron ahogadas. Así fué.

El pueblo vio los resultados con asombro, pero no pudieron pagar el precio (quiero imaginar que, además de lo pactado, el flautista cobró viáticos, impuestos y una licencia por haces uso de sus milagros). Entonces el hombre aquel prometió regresar en busca de venganza.

Escuché esta historia en la versión de los Hermanos Grimm y siempre estuve del lado del flautista. Él era el del talento, ¿por qué no le pagaron? Hoy, pienso que el pueblo tenía sus razones. Aquí mis reflexiones:

1.- El pueblo no podía pagar. ¿Qué hacer con tal realidad?

2.- Aunque hubieran podido hacerlo, los roedores tal vez regresarían en cualquier momento; al final del día, las ratas no son una especie extinta.

3.- De haber pagado, habrían aceptado una relación de dependencia con el flautista. Eso no es necesariamente malo. Pero es dependencia.

4.- Al final tuvieron que pagar. Pero a la mala.

Como lo prometió, el flautista cobró venganza. Mientras los habitantes del pueblo estaban en la iglesia, el hombre volvió a tocar su extraña música. Esta vez fueron los niños quienes le siguieron al compás y, juntos, abandonaron el pueblo. La leyenda original dice que jamás se volvió a saber de ellos, pero en la adaptación de los Hermanos Grimm el pueblo tuvo que pagar para ver a sus hijos de vuelta.

Mal. La solución pudo ser distinta. Sabemos que el flautista difícilmente hubiera revelado (y menos compartido) su mágico talento, pero al final, ese individuo era un humano como todos los demás, lo cual indicaba que cualquier otra persona podría hacer justo lo que él hacía. Si no uno solo, sí entre varios. Si el pueblo se hubiera propuesto buscar una alternativa en conjunto, jamás se habrían sentido sin salida.

Bien. Ahora piensen en el movimiento del software libre y díganme si la historia tiene semejanza. No se preocupen por definir quién sería el flautista talentoso de la historia, podría ser cualquiera que venda sus sistemas y no por esto se vuelve el villano maquiavélico del cuento; de hecho, está en todo su derecho. Más bien ubiquemos al pueblo que pudo buscar más soluciones.

Richard Stallman con su movimiento de Software Libre y Linus Torvalds con su famoso Tux de Linux, han dado la oportunidad a miles de personas alrededor de todo el mundo de encontrar una opción en conjunto que te permita trabajar, e incluso vivir, con un software sin límite alguno.

Dice Gunnar Wolf en su columna que leerás en las páginas siguientes... "La experiencia con el Open Source es tremenda: un usuario de Linux con algo de curiosidad no se volverá a enfrentar a la 'magia negra' de cómo funciona su sistema", simplemente, él será dueño de esa magia.

Referencia bibliográfica:
Nadia Molina
Directora Editorial
PC Magazine en español. Abril, 2008. Pág 2.
http://www.jambitz.com/nadiamolina

1 réplicas:

Nadia Molina dijo...

¡hola! Muchas gracias por poner mi columna en tu blog. Un abrazo :)